
Nadie,
por muy poeta o escritor que sea, puede definir toda una nación en
una cuartilla. He sido muy atrevido al aceptar.
Andorra, esa nación montañosa, con
valles idílicos, profundas gargantas de roca que engullen frescas
aguas recién paridas de nieves blancas; escogida gente que cimbrea
los negocios y oxigena las empresas que dan alto rendimiento a sus primeras
necesidades y facilitan el ocio y la vía lúdica a sus visitantes;
pueblo con pasado y lleno de futuro, historias de frontera entre dos viejos
estados conocidos que llenan sus bocas políticas con palabras ambiguas
sin reconocer que Andorra es mucho más antigua; contra qué
bando tenían que luchar o contrabando debían soportar pero
siempre dentro de la ley había un bando; cuatrocientos sesenta y
ocho kilómetros cuadrados de libertad dentro de su cerrada muralla
natural; un lugar pacífico desde hace más de quinientos años...y
cuatro tiros medianamente disparados.
No importa que unos digan que hace ocho mil
años los pobladores ya se afincaban en sus montañas. Tampoco
que en el Neolítico, hace cuatro mil años, ya elaboraban sus
utensilios para cazar y cocinar. Mucho menos da que hablar que mil años
antes de Cristo la cultura celta se mezclara con los restos de la cultura
megalítica. Esto es pasado. Gracias Carlomagno por tu Carta Pobla,
otorgada en el aqo 806, dando la independencia territorial. Agradecidos
estamos por toda su trayectoria civil y política, con sus raíces,
con su lengua, con las lecciones recibidas por
los viajeros románticos ingleses y
catalanes. También es pasado, hablar catalán en
privado, pero mas cercano francés en público.
Rodrigo Mestre