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Andorra, pais del "shopping"
Sí, lo
confieso: me encanta el "shopping".
No soy adicta pero casi.
Me emocionan los carros de compra repletos de ricos manjares,
me pirro por los trapos de moda, me seducen los perfumes más
sofisticados...
Me pasaría horas y horas viendo escaparartes, paseando entre
las estanterías de un supermercado o probándome zapatos y sombreros.
A veces me pregunto de dónde me viene esa fiebre consumista.
Y lo tengo bastante claro: de mis escapadas infantiles a Andorra.
Las recuerdo como una epopeya.
Mis padres planificaban el día con detalle: la hora de salida
siempre temprana, |
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Pepa Fernández Vallès
la
lista de la compra repleta de quesos, mantequillas azucar y licores,
el itinerario, el restaurante para comer, las visitas a las tiendas
de moda y perfumes por la tarde, etc, etc.
En
Andorra compré mi primera barra de labios, sin color pero con sabor
a fresa, y la verdad es que en Andorra todo tenía mucho sabor para
mí.
El sabor de la aventura, la emoción de la compra, el ritual
de la aduana...
Hay recuerdos de la infancia que perduran siempre. Y yo me he
quedado con éste. Puedo regresar mil veces a Andorra para hacer
turismo o practicar el esquí pero nunca dejaré de asociar el
Principat a mi particular paraíso infantil del "shopping".
Así me va.
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