Sí, lo confieso: me encanta el "shopping".
No
soy adicta pero casi.
Me
emocionan los carros de compra repletos de ricos manjares, me pirro por
los trapos de moda, me seducen los perfumes más sofisticados...
Me
pasaría horas y horas viendo escaparartes, paseando entre las estanterías
de un supermercado o probándome zapatos y sombreros.
A veces me pregunto de dónde me viene esa fiebre consumista. Y lo
tengo bastante claro: de mis escapadas infantiles a Andorra.
Las recuerdo como una epopeya. Mis padres planificaban el día con
detalle: la hora de salida siempre temprana, la lista de la compra repleta
de quesos, mantequillas azucar y licores, el itinerario, el restaurante
para comer, las visitas a las tiendas de moda y perfumes por la tarde, etc,
etc,
Pepa Fernández Vallès
